Artículo publicado en la Revista de la Asociación Española de Terapia Gestal

1 06 2017

Tengo el gusto de compartir aquí el artículo que me han publicado la REVISTA DE TERAPIA GESTAL que en su edición anual, la nº 37, está dedicada al “Movimiento Vital”.

Es esta una publicación técnica que auspicia la AETG (Asociación Española de Terapia Gestalt) y que llega a miles de Psicoterapeutas, Gestaltístas y de otras ramas de la psicología tanto en Europa como Latinoamérica, por lo que supone un aporte entre colegas de oficio y personas interesadas en crecimiento personal muy interesante para la continua actualización de conocimientos, saberes y experiencias, con las que nos vamos enriqueciendo y nutriendo unos/as con otros/as.

 

Os dejo también el link con la página de la AETG donde podéis encontrar mucha más información al respecto del tema, también de su actividad y de la de los que somos miembros. https://aetg.es/gestalt/recursos/revista.

Y a partir de aquí, el artículo:

 

Un camino de resignificación transformadora.  Movimiento Armónico Expresivo, Movimiento Auténtico. 

A base de talleres intensivos y horas de terapia, estoy siendo capaz de recordar cada vez más mi pasado. Mi infancia estaba escondida en el baúl de «no volver a mirar» por lo doloroso de algunos acontecimientos. Mi pubertad y adolescencia yacían ocultas tras un disfraz de pretendida «etapa feliz».

La verdad de mi salida al mundo de los adultos había sido maquillada por los mecanismos de defensa de mi ego para no recordar la dificultad. Coloreándola, pretendía que no me afectaba y podía así dirigir mi vida hacia el éxito social. Me he podido dar cuenta de que la motivación básica para tanto esfuerzo era demostrarle a mi padre que no tenía razón y que yo «sí que valía».

Con este artículo testimonial quiero compartir mi movimiento corporal y de transformación. Movimiento que se traba o ralentiza, y vuelve a fluir con rapidez inesperada. Que me acercó a los abismos más profundos de mi herida y me elevó a paraísos celestiales trayendo bálsamo y sanación. Movimiento a través de mi cuerpo, producido por mi cuerpo, percibido con mi cuerpo. Ya dice María Adela Palcos, creadora de Río Abierto, que «la vida es movimiento y el movimiento es vida». Movimiento que, como afirma mi maestra, Graciela Figueroa, «es espacio, y el espacio está lleno de movimiento».

El origen de mi personalidad mecánica.-

Mis primeros recuerdos… son de una gran vitalidad corporal, como la mayoría de los niños antes de sufrir domesticaciones o traumas. Me veo, en las fotos y filmaciones familiares, inquieto, espontáneo y bromista, alegre y con curiosidad. Cuentan que no paraba quieto, que era un «lambrijas», siempre corriendo de un lado para otro, brincando, vivaracho, con ganas de jugar, queriendo experimentar. Mi cuerpo era ágil y espigado.

Vengo de una de esas familias en que la posguerra no trajo hambre, pero sí carencia y estrechez. Mis padres manejan ideas del tipo: «Si comes, todo irá bien». A mi madre, sobreprotectora y con poco nivel cultural, más que nutrirnos le gustaba atiborrarnos de comida, sintiéndose satisfecha de vernos comer, de «cebarnos». Mi padre soltaba, en las celebraciones familiares, para hacer la gracia: «Anda que no te tuve que pegar para que comieras… Y luego… te tenía que dar para que no comieras». Risas.

La violencia de mi padre, de extremos que entonces formaban parte del «domar» a los hijos, fue dejando huella en mi interior, en mi cuerpo y en mi manera de moverme. Entre los nueve y los once años, consideró que yo «ya no era un niño» al que permitir sus «tonterías infantiles». Empezó a exigirme ser el hombrecito que él esperaba.

 

Los golpes eran lo de menos. El daño emocional superaba al físico. Para sobrevivir emocionalmente a su régimen dictatorial, me congelé. Mi cuerpo empezó a engordarse, en un intento inconsciente de preservar al ser sensible que albergaba. Interpuso una barrera de grasa, de corte masoquista, para «aguantar» los gritos, insultos y humillaciones. Una resistencia pasiva —«no vas a poder conmigo»— se fue configurando corporalmente en una coraza de insensibilización ante las agresiones.

Daba igual lo que yo hiciera, siempre me iba a caer por algún lado. A veces mi hermana mayor me reprochaba haber hecho enfadar a mi padre y mi madre consentía las broncas, que concluían con un: «… y ahora, vete a tu cama», el lugar donde estaba a salvo. Se fue desarrollando un mecanismo de narcosis ante los problemas: congelamiento corporal, represión emocional, adormecimiento, somnolencia y desenergización. Me fui convirtiendo en un chico retraído, vergonzoso, con tono mortecino, inseguro, pasivo y pasota. Se acumularon los fracasos escolares…

… Y llegó el rugby a mi vida. Con él empecé un proceso de recomposición desde el sentimiento reparador de pertenencia a un grupo en el que era aceptado como uno más. Con el exigente entrenamiento para las convocatorias del equipo nacional, mi cuerpo de nuevo fue cambiando. «Me puse fuerte» y sentía una mayor autoestima debido a la hipertrofia muscular.

Tenía corpulencia, un pecho hinchado para esconder la debilidad y un poco de «morrillo» de tanto aguantar. Mis movimientos eran poco explosivos y la falta de flexibilidad propició múltiples lesiones en las rodillas y en la columna vertebral.

Encuentro con Río Abierto y el movimiento armónico expresivo.-

     A la edad de treinta y seis años, llevando seis de terapia individual y a mitad de mi formación en gestalt, llegué al SAT 2, donde tuve que afrontar mi dificultad para fluir en «lo corporal». Una amiga-hermana de rasgo me habló de la formación de Río Abierto y decidí hacerla.

El primer año transcurrió entre descubrir mis dificultades y reveladoras experiencias a través del movimiento corporal. Incluí dos o tres clases extras a la formación, de modo que prácticamente «me movía» a diario. Era como si mi alma necesitase expresarse a través del movimiento y del baile. Sentía que era una de las primeras adicciones sanas que tenía, tras haber dejado el deporte de alto nivel.

Gracias a la parte de imitación guiada que incluyen las sesiones de Río Abierto y a la variedad de instructores, fui ampliando registros corporales y disfrutando del simple movimiento de una articulación o de la percepción de mis fluidos internos. El mundo de mis sensaciones corporales se enriqueció a través de las paradas de concienciación.

Componía sinfonías de movimiento dejando resonar la música en mis células, probando combinaciones de movimientos, concatenando el de una articulación con otro, jugando a la bilateralidad o explorando los planos anterior, posterior, lateral y horizontal. Aprendí a utilizar el espacio como parte de mi experiencia, a penetrarlo mientras observaba mi sensación, a «enloquecerme» dibujando garabatos con mis articulaciones en él, a sentirme recibido sin juicio por el espacio.

La gran paleta de elementos que se utiliza en Río Abierto me enfrentó a mis vergüenzas, a mostrarme, a dibujar mi experiencia en una cartulina a través de colores y formas, a dejar mi huella en un trozo de arcilla, a preparar una miniobra de teatro improvisada con algún compañero.

Vivir las diferentes plásticas que se manifestaban en mi cuerpo me ayudó a reírme de mí mismo, a tomar personajes que me aportaban cualidades que necesitaba incorporar a mi vida y a darme cuenta de los límites: a aprender a aceptarlos y a encontrar nuevas formas de cuidar mi cuerpo. También aprendí a aproximarme a otro cuerpo «viendo» a la persona que lo habita, a tocarlo con inocencia y destreza a través del masaje o de las pautas de reeducación postural, y a aplicar eso en la relación con mi cuerpo y sus necesidades de cuidado, respeto, movimiento, parada…

Fueron años de enfrentarme a mis miedos, de nutrirme de nuevos recursos y de una mirada amorosa hacia mi dificultad. Algo que fue posible gracias a la presencia de los/as compañeros/as y formadores/as y, sobre todo, al «sí» incondicional de mi maestra: Graciela Figueroa, directora de Río Abierto España y responsable de la formación, que cuidaba nuestros procesos amorosa y sabiamente.

Por fin mi cuerpo se expresaba de nuevo con una libertad que ya no recordaba. Danzaba con la inocencia de un niño, jugaba con mis compañeros con vitalidad exultante y sin juicio. Experimentaba un éxtasis místico y temblaba de placer al moverme, me emocionaba profundamente, y aprendía a sostenerme en ese lugar de vulnerabilidad y exposición, con la confianza de que no iba a ser maltratado, entregándome a las experiencias con intensidad. Viví descargas de rabia, de llanto y de risa, catarsis agotadoras y momentos de serenidad. Sentía que «si no me movía, si no bailaba… me moría».

Moverme sin la persecución de mi juez interno resultaba liberador. Abrirme a mirar a los demás sin enjuiciar era un gran descanso. Y compartir desde ahí el movimiento: abrazar, bailar y retozar, me permitía disfrutar intensamente. La sensibilidad que se estaba despertando en mí traía también momentos de gran dolor emocional: el encuentro con las huellas de mi pasado, las Gestalts inconclusas de tantos años de represión, castigo y humillación… Afrontar el sentimiento de abandono de mi infancia y descubrir los recursos para superarlo fue reparador.

Mi cuerpo se volvió más sensible y perceptivo. La intuición corporal y emocional fue aumentando y poniéndose de nuevo al servicio de mi ser. Cada vez me enteraba más de lo que me pasaba dentro… de qué sentía y de dónde lo sentía, preguntas paradigmáticas en nuestro hacer gestáltico.

La música, un apoyo fundamental en el sistema Río Abierto para arropar o dirigir la propuesta de trabajo, supuso un descubrimiento al que abrirme plenamente. Del mismo modo mi voz, tanto tiempo ausente y ahogada, se hizo presente en el proceso de recuperación de mi ser. Pude observar mi dificultad para expresarme con espontaneidad, cómo los juicios me silenciaban, el nudo que se instalaba en mi garganta en situaciones emocionalmente difíciles… Poder sonar en mi voz, dejar que sonase a pesar de la emoción o precisamente embargada por ella, gritar, cantar, vocear, susurrar, pronunciar palabras sin sentido, probar voces como quien prueba diferentes yoes… Es verdad que durante este periodo de liberación del Centro Laríngeo, del 5º chakra, parecía que «no tenía pelos en la lengua» y por momentos me metía en problemas, pero… también era capaz de expresar lo que sentía sin tanta censura, sin tanta desconexión como arrastraba.

Fueron etapas de transformación en lo corporal, en mi movimiento y en mi ser, que me llevaron a querer ofrecer un poco de lo que había podido recibir, de los aprendizajes que se habían hecho cuerpo y me habían salvado la vida. De modo que comencé la aventura de facilitar clases de movimiento.

La vuelta a casa (cuerpo). Mi movimiento auténtico.-

En aquel SAT 2 había conocido el movimiento auténtico de la mano de Andrés Waksman, y buscando un grupo en el que profundizar contacté con mi maestra, Betina Waissman.

Es una propuesta aparentemente simple pero de una gran profundidad y sutileza. Por lo general, una parte del grupo se mueve con ojos cerrados durante un tiempo estipulado, dentro de un espacio vacío, sin estímulos externos, en un clima silencioso y de respeto, teniendo al resto de los participantes y al/la facilitador/a como testigos de su movimiento. Este formato y sus rituales favorecen la inmersión en el inconsciente de cada una de las personas que se mueven dentro de este «circulo de testigos», que opera como contenedor y sostenedor de la experiencia.

En la disciplina de movimiento auténtico (línea que desarrolla en España Betina desde hace más de veinte años) se suman además el trabajo con la palabra a la hora de dar testimonio y el desarrollo del camino místico que puede abrirse en los participantes con más experiencia y deseo de profundización. Rituales al gusto del/a facilitador/a (una vela como símbolo de Luz, caminadas, gestos de anclaje) ayudan a «sacralizar» lo vivido, facilitando el darse cuenta cada vez más profundo, la asociación con asuntos arquetípicos o las sincronicidades y geometría de algunos movimientos en los que se da la presencia del Misterio y el Arte.

Enseguida me di cuenta de lo diferente que era esta práctica de frecuencia mensual, en encuentros de cinco horas y pocos participantes, del «pelotazo» que viví en aquel intensivo y multitudinario SAT. Pero aun con la frustración que mi ego me hacía sentir, por la menor intensidad, dada la menor cantidad de estímulos y de encuentros con compañeros/as, la cosa me fue enganchando. Era como si cada vez, de un modo más inexplicable, mi corazón renovase mi compromiso de asistencia al siguiente encuentro, a pesar de los cientos de razones en contra que aparecían en mi cabeza.

Empezó este espacio a convertirse en uno donde tocaba, cada vez más inevitablemente, con mis asuntos pendientes. A veces me permitía integrar los contenidos removidos en mi terapia individual, otras formaciones o mis relaciones personales del momento. Otras resultaba un encuentro brutal con el Vacío y lo Misterioso, donde sentía una «vuelta a casa», un descanso en mi ser… y el rebote de mi ego, puesto contra las cuerdas.

En ese espacio inexplicable, brutalmente auténtico, me encontraba sí o sí con lo que había: La parálisis corporal, mi buscar el contacto para evitar el vacío, mi rellenar con actividad evitativa el tiempo de exploración por miedo a lo que pudiera aparecer, la actuación pseudoauténtica por vergüenza a mostrar… En algunos momentos, sólo la Luz que percibía en la mirada limpia y sin juicio de Betina, y algunos testimonios que escuchaba, me ayudaban a continuar.

Este formato me confrontaba de manera mucho más cruda con el Vacío, ese lugar donde la quietud se convierte en encrucijada, en un torrente de posibilidades para encontrar mi movimiento auténtico, aquel que llega desde un lugar íntimo e inexplicable. Ese que trae consigo el darse cuenta gestáltico.

Este espacio de movimiento auténtico resultó enormemente rico en la exploración del eterno baile interno entre la Entrega y la Voluntad. Al carecer de los estímulos externos del movimiento expresivo, el encuentro con el vacío permite poner más conciencia aún en el origen de cada movimiento, en la causa de cada parada, en lo que motiva cada paso, en la traba y en la interrupción, en el movimiento interno que se da en un cuerpo aparentemente quieto. Aumenta pues el foco de conciencia en nosotros mismos.

Otra de las bondades de este trabajo es el desarrollo del testigo interno. Fui desarrollando más capacidad no sólo de darme cuenta de lo que vivía en cada momento sino de recordarlo más vivamente, gracias al trabajo con la palabra y a la práctica del zoom en un sólo fotograma de la película vivida, en el círculo de testimonios. Mi conciencia empieza a ser cada vez más capaz de recordar la postura corporal, la posición de cada brazo, de cada pie, y aumenta así la sensación de lo vivido.

Se abría un espacio de mayor escucha, de atención más fina. Para mí, estaba entre la meditación (donde dejar de hacer, observar la actividad de mi mente y no reaccionar a los efectos mentales manteniendo la quietud corporal) y el movimiento expresivo, donde encontraba un cauce para las necesidades expresivas de los contenidos internos que se movían en mí, poder jugarlos en relación con el espacio o con otros y, al ponerlos fuera, transitarlos hasta, llegando a otra cosa, transformarlos.

Aquí, en el movimiento auténtico, la experiencia era diferente; a veces, de gran sutileza y profundidad. O la aridez o la sensación de vacío me inundaban, invitándome a transitarlas, a permanecer. Y toda la gama de movimientos sutiles, de trabajo con lo simbólico, lo imaginativo, los contenidos del subconsciente… Todo un viaje hacia mi yo más profundo y más desconocido.

Mi movimiento, por tanto, se completaba con este espacio, de manera que podía atender a todas las necesidades de mi cuerpo y de mi alma, avanzando en estas vías que, junto a la meditación vipasana (el no movimiento) iban trenzado el hilo conductor de mi transformación y mi crecimiento.

Cuando la traba vuelve a aparecer.-

Reconozco, con vergüenza aún, que tuve muchos momentos, llegadas estas etapas más avanzadas de mi transformación, en los que mi ego me hacía pensar que «yo ya estaba trascendido», que estaba cerca el momento en el que «no tendría tantas dificultades y fluiría en total libertad». Pobre de mí.

La dificultad para apartar mi ego del cotidiano, a pesar de los muchos trabajos de conciencia y terapia, hacía que tropezase una y otra vez en la misma piedra. El sentirme especial, por encima de los demás, mejor preparado, o el empeño egoico de mantener una imagen idealizada de mí para poder enfrentarme al mundo (sin atender a mis limitaciones reales) y conseguir mi propósito de vivir de esto de la terapia y el crecimiento personal, se interponían en mi día a día.

Me debatía a lo largo de las sesiones de movimiento, entre dulces y lúcidas experiencias de conexión y autenticidad, con encontrarle un sentido a lo que encontraba o me invadía una profunda desesperanza, una sensación de falsedad y de estar muy al inicio de mi camino, como de no estar enterándome de qué era lo que estaba viviendo.

Como el crecimiento no es lineal, sino en espiral, pasaba una y otra vez por mis dificultades y trabas, que me resultaban fastidiosas y desestabilizadoras. Mi maestro Claudio Naranjo nos compartió unas palabras de Gurdjieff que venían a describir perfectamente esa etapa: «Al inicio el buscador encuentra rosas en su camino y luego, más adelante… encuentra espinos, espinos y espinos…».

Los momentos de aridez se hicieron más frecuentes y profundos. La parálisis se hizo fuerte en mi interior y se manifestaba a cada rato en mi movimiento corporal y vital. El miedo se apoderó de mí como nunca lo había sentido.

Fueron meses, años, de sufrimiento callado. De minería en mi terapia individual y en los grupos de formación. Llegó la noche oscura del alma de la que hablan algunos místicos, sin que hubiera tenido yo una de sus iluminaciones. Y esa oscuridad invadió también mis espacios de exploración, que pareció involucionar.

La desesperanza se apoderó de mí y mi ego «orgulloso» se frotaba las manos: «¿Ves?… No merece la pena, te iba mejor conmigo. Déjame los mandos de nuevo… Sabes que yo podría sacarte de aquí, como tantas veces. ¿Te acuerdas? Nos juramos no volver a sentirnos así…».

Fue un impasse gestáltico a lo grande, en lo más profundo, que tiñó lo profesional y la pareja, mientras el sostén económico estaba terminándose. Por suerte, y para sorpresa mía, la consulta se mantenía en mínimos que me permitían mantener mis actividades a la vez que me ofrecían tiempo para digerir estos procesos. La Vida no quería que me saltase esta oportunidad de vivir esta traba con toda la vulnerabilidad que fuera capaz de sostener y para ello me cuidaba en la conservación y en los tiempos para mí.

En muchas sesiones contactaba con el miedo a hacer propuestas, a participar o a exponerme. La desnudez, la desprotección, se hacía tan difícil de sostener que empecé a buscar refugio en mi casa (antes un lugar casi de paso), en espacios de uno a uno y en la meditación, la oración y la retirada en soledad. La sensación de vulnerabilidad extrema se manifestaba en un movimiento de retracción a todos los niveles.

En las fases guiadas de Movimiento Expresivo me agarraba el juicio hacia el instructor y me desvitalizaba el no poder soltarlo más que por momentos de respiro transitorio. Mi ego les cortaba la cabeza a los facilitadores, menospreciaba a los compañeros y me costaba moverme físicamente hasta cuando mi terapeuta me proponía cambiar de silla.

En las fases de expresión libre me percibía mecánico en mis movimientos. Me juzgaba por lo poco creativa que sentía su concatenación en el baile. Me daban ganas de pararme y dejar de sufrir, de darme por vencido, de no volver a aparecer más por una sesión de Movimiento. La repetición, tan necesaria para el aprendizaje, me confrontaba con la parte de mí que se sentía torpe y poco original hasta resultarme un calvario: «¡Otra vez aquí! ¡Joder!, ¿aún estoy con esto? Yo ya debería estar en otro lugar…». Había perdido el lugar de aprendizaje amoroso y aceptación cálida de mi ritmo y necesidad.

En Movimiento Auténtico sentía el vértigo de volver a todo el cuestionamiento interno de si lo que aparecía era auténtico o no. Estaba mucho tiempo parado físicamente mientras mi cabeza no paraba de maquinar, juzgando y reprimiendo cualquier tipo de impulso que pudiera aparecer… Revivía la parálisis de cuando las broncas en casa… Me había tragado a mi padre. Me estaba haciendo lo mismo que él me hizo a mí. El «martirio chino» con que él me hostigaba me lo estaba infringiendo a mí mismo… y lo peor es que no sentía escapatoria. No sabía cómo salir de ahí.

La traba volvía a aparecer pero ahora los mecanismos de defensa se habían refinado a tal punto que casi no me daban opción. Me juzgaba duramente por cada cosa que hacía, poniendo en duda la autenticidad de mis sentimientos, de mis opiniones… Fueron meses de llanto desconsolado en el regazo de mi terapeuta, un manantial de frustración y rabia. ¿Dónde estaban todos mis recursos? ¿Para qué tanto esfuerzo?

Mi maestro Claudio Naranjo me permitió comprender mi «viaje» a través de su propuesta de trabajo con mi rasgo de carácter, al que le viene bien esta caída, este desmonte, por duro que haya sido y esté siendo aún en algunos momentos.

El trabajo corporal en general, y el movimiento expresivo y el movimiento auténtico en particular, no deja escondite posible para quien de verdad quiera mirarse. El cuerpo y su movimiento manifestados en el espacio, ante la mirada de un facilitador diestro en observar, evidencia las trabas, los cortes de energía y las mecanicidades con más rotundidad que el discurso hablado. Y eso… puede ser frustrante.

Conciencia, perseverancia y apoyo amoroso.- 

En estos infiernos de desolación, fueron muchos los momentos en que pensé en abandonar, pero si algo he aprendido en estos años de transformación es que no hay vuelta atrás. Podemos tomarnos un respiro o cambiar de rumbo, pero toca seguir adelante con lo que hay, aceptándolo, y confiar en que algún día el desierto de las dificultades se vuelve menos árido.

Inmerso en un maremoto de desconcierto y desesperación, me costaba identificar con claridad lo que me hacía bien y lo que no. Me ayudó a sostenerme poner conciencia y ver lo que estaba pasando como un macrociclo gestáltico, que contenía ciclos más pequeños.

Por cabezonería me di la oportunidad de cultivar la constancia y la disciplina (tan escasa en mi rasgo de carácter). Así me he ido posicionando poco a poco en un lugar interno de más inocencia, más responsabilidad y más tierra.

Apenas hace unos meses que siento que estoy logrando salir, ¿a gatas? de esta etapa de devastación interna. Agradezco a Dios, a la vida y a mis pacientes haber podido seguir ejerciendo. Parecía que cuando peor estaba mejores sesiones salían. Creo que estas crisis me pusieron más humano. Más cercano y vulnerable… a todo.

Abrirme a los testimonios de mis alumnos en los grupos y ver la transformación en las vidas de mis pacientes me da aliento para seguir con mi proceso y con el llamado de mi corazón de dedicarme a ello en cuerpo y alma.

También, la mirada de aliento de mis maestros y… el apoyo y la confrontación amorosa y firme de mi terapeuta en estos últimos cuatro años, Enrique de Diego, que con sencillez, cercanía y respeto me ha acompañado a ir reconstruyendo mi autoestima. Agradezco a mi supervisora, Annie Chevreux, cuya intuición y honestidad me ha ayudado a diferenciar la parte de mí que podía ponerse al servicio de mis pacientes y la que debía apartar para que no interfiriese.

Desde hace poco encuentro de nuevo placer en danzar. Estoy recuperando la capacidad del trance a través del movimiento. Con menos miedo de mirar para adentro, los paisajes son cada vez menos desérticos.

 

Este recorrido vital ha conformado mi hacer terapéutico en el respeto al ritmo de cada cual, la mirada compasiva hacia la traba que se manifiesta en el cuerpo, y la mirada analítica sobre el movimiento o la ausencia de él en los diferentes segmentos corporales y áreas de la vida. Es algo que me requiere atención porque la tendencia caracterológica es otra. A veces parece que «esto no se termina nunca»: Paciencia con mis asuntos, constancia en el esfuerzo, respeto a mis ritmos internos, amor para conmigo y mis dificultades…

“Nunca mares calmos hicieron buenos marineros”.

 

 

 

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Femenino & Masculino, dos energías universale

17 04 2017

Hace ya unos cuantos años que vengo investigando sobre estas dos energías que están presentes en todos/as nosotros, Seres Humanos.

Como todo en este camino de búsqueda, nace de encontrarme de frente a una necesidad interna de entender y conocer aspectos de mi. Sentir que algo no estaba bien dentro, me hizo ponerme en marcha.

Leer al respecto, tanto de nuevos autores como de sabidurías ancestrales, fue un comienzo. Luego vino una etapa de cuestionamiento interno, de examinar lo que iba encontrando a la luz de la terapia, para no tragarme nada sin masticarlo previamente. Aquellos momentos de proceso fueron básicos para ir conociendo estas dos energías e mi a la vez que digería todo lo que iba aprendiendo. Poder participar en talleres que ofrecían diferentes facilitadores, con diferentes enfoques, comprensiones y maneras de trabajar entorno a esas dos energías, me permitió ir destilando una nueva manera interna de entender estas dos partes que siempre sentí en conflicto dentro de mi.

Poco a poco, fui reelavorándome y asentado lo que aprendía, las comprensiones corporales fueron fundamentales en este proceso y el trabajo psico-corporal me fue permitiendo también integrar esos nuevos hallazgos, hasta sentir que estas dos partes de mi se iban equilibrando y nutriendo por separado y complementariamente a veces, de manera simultánea en otras.

Ancestralmente se asignan cualidades internas a una y a otra, como la fuerza, la sensibilidad, la dirección o el acogimiento. Y también elementos de la naturaleza, como el Sol y la Luna. O formas geométricas, como lo rectilíneo o lo curvo, lo directo y lo siseaste. La Luz y la sombra… y tantas otras. Pero creo que lo más importante es poder tener la explorar cómo son cada uno de esos conceptos en nosotros mismos. Y a la vez, poder detectar cuales de esas cualidades necesito cultivar parara tener una vida más plena.

No hay nada de malo en ser más o menos masculino, o femenino, seas hombre o mujer. No hay nada de malo en tener más desarrolladas unas cualidades de las que se asignas a una de estas energías u otras. No se trata de corregir.

Se trata de ampliar el mapa, conocer que también hay otras maneras, otras posibilidades de actuar y que, si nutrimos esas otras formas complementarias a las que solemos hacer habitualmente, podemos encontrar mayores recursos para nuestra vida. Mayor libertad y mayor capacidad para elegir otros caminos que nos lleven a lugares mejores interna y externamente y a una vida más satisfactoria y más completa.

Y esta es la apuesta que junto a mi “hermana del Alma” Violeta Perez Bolet quiero compartir en este taller. En la edición anterior 12 personas (7 mujeres y 5 hombres) se atrevieron a explorar estas energías dentro de ellos/as mismos/as al abrigo de nuestras propuestas y con el apoyo del grupo y de las herramientas que ponemos en juego. Y sus caritas cambiaron en sólo unas horas. Compartieron aprendizajes, desmontaron prejuicios internos y socio culturales, integraron nuevas maneras y formas corporales, se hicieron propósitos de mejora dirigidos por su necesidad y su deseo auténtico, deforma creativa y plástica. Y sus devoluciones nos confirmaron el buen sabor de boca que teníamos Violeta y yo acerca del trabajo que propusimos y por el que apostamos. Redoblando esto el impulso de ofrecerlo de nuevo en próximas fechas. La sensación de trabajo interno destilado en el tiempo, de guiso cocido a fuego lento, nos hace saborear con tranquilidad el resultado y ofrecerlo con confianza y humildad. Sabiendo que juntos, seguiremos aprendiendo, creciendo internamente a través del trabajo con los demás, facilitando sus propios procesos de aprendizaje y crecimiento… también seguiremos nosotros nutriéndonos y eso es una regalo de la vida, que cuando la servimos, cuando nos ponemos al servicio de Ella, siempre nos responde positivamente y nos reconforta. Cada día siento más gratitud por poder dedicarme a esto que me apasiona y nutre mi corazón. Cada día renuevo botos de servicio y trabajo comprometido. Sin perder la parte lúdica, sin desatender a las cosas que facilitan los aprendizajes, sin ponerme demasiado grave, con alegría… gozando y creciendo.

Si te resuena, te apetece explorar y tienes disponibilidad, no dudes en ponerte en contacto conmigo… será una bonita oportunidad para seguir creciendo a la luz de esta propuesta que seguro te traerá experiencias interesantes y te acercará a una mayor plenitud.

 





Nuevas Sesiones de Movimiento Armónico Expresivo

28 03 2017

Nuevas oportunidades de continuar creciendo y aprendiendo con este Trabajo individual en grupo. Dedicaremos estas 2 próximas Sesiones a identificar y trabajar los apoyos físcos, que nos permitirán nutrir desde ahí los apoyos emocionales y recordoar apoyos en otros niveles que nos pueden ayudar a sentirnos más capaces, más vitales y aportarnos alegría y bienestar para afrontar nuestos retos cotidianos. Con música, baile, contiencia corporal y lo lúdico coomo aopoyos para el trabajo y las propuestas.





Somos mucho más de lo que dejamos ver

24 01 2017

El viernes de esta semana tendremos un nuevo encuentro del Circulo de Hombres en Movimiento Madrid. En esta ocasión tomaremos un tiempo para encontrar los recursos y la valentía para mostrar más de lo que solemos dejar ver cuando nos relacionamos socialmente. Quizá para algunos sea un descubrir cualidades que pensaba que no tenía o un encontrar maneras para expresar partes de si que creía que no podía mostrar. Quizá para otros hombres sea un conectarse con otros hombres desde un lugar de más solidaridad y compañerismo. Cada uno tendrá su viaje y juntos creceremos hacia una mejor manera de relación interna / externa. Será sin duda un paso más en construirnos una nueva masculinidad más conectada con el corazón, sin dejar de lado nuestra fuerza y dirección.

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Es con gran ilusión y compromiso que ofrezco este taller, lleno de gratitud por la confianza de otros hombres con los que compartir la búsqueda y el crecimiento. Si sientes la llamada de la manada y tienes interés en conocerte mejor, súmate. Aún hay plazas.





Recuperando el Equilibrio Interior con Movimiento Armónico Expresivo

18 01 2017

El miércoles de la próxima semana, día 25 de enero, nos moveremos juntos para tratar de ir recuperando el equilibrio interno y el bienestar, que probablemente se haya visto alterado por tantas fiestas y reuniones navideñas, la cuenta de enero, la vuelta a la actividad cotidiana, etc.

Aquí incluyo el cartel con toda la información.    Animate…!!
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El riesgo de “dejar que pase el temporal”

11 01 2017

Hace un año, durante las navidades del 2015-16, escribí acerca de estas fiestas que acabamos de pasar y de cómo suele aumentar el volumen de personas que se acercan a mi consulta, para abordar los conflictos que estaban viviendo, un año más, en su entorno familiar. (consultar entrada “¿Felices Fiestas..?” del 31-12-15). Esta vez mi reflexión nace en unas fechas parecidas pero con un matiz diferente.

Hace un par de días una persona llegó a mi consulta, un tanto apesadumbrada, por las situaciones familiares que ha tenido que vivir estos días atrás. Al margen de esto, que suele ser bastante habitual (y que junto a crisis en la pareja o dificultades para encontrarla, crisis existenciales o necesidades de re-orientación laboral suelen ser los principales motivos de consulta), me llamó mucho la atención una frase que dijo: “Otro año más las mismas historias y los mismos conflictos, igual que hace dos años, cuando vine consultarle la 1ª vez… Aquella tormenta pasó, pero siguen viniendo mayores temporales cada vez”.

Y es que… efectivamente esta persona hace dos años vino a mi consulta en una situación parecida a la actual y… tras descargarse un poco de la angustia que traía a través de la conversación que mantuvimos, decidió no iniciar su proceso terapéutico. Aludió que iba a “dejar que pasase un poco el temporal” que “ahora que se encontraba menos angustiada, sentía más fuerza para resistirlo” que “quizá más adelante se pondría en contacto conmigo si la cosa no mejoraba”. Siempre intento respetar al máximo el momento de cada persona y sus decisiones. Y pese a que sentía que podía ser un buen momento para empezar a tomar cartas en el asunto y que lo estaba necesitando más de lo que creía, la cosa quedó allí.

Da el paso... ahora!

Da el paso… ahora!

Lamentablemente, la realidad confirmó un par de años más tarde algo que yo tengo claro. Que los temporales emocionales vuelven una y otra vez, sino abordamos los asuntos que los provocan. Y más en el seno familiar, donde se juegan las influencias de dinámicas familiares que nos pueden seguir arrastrando sino aprendemos a mirarlos desde otro punto de vista y sino cambiamos la parte que nos toca a cada uno como miembros de ese sistema.

Y es que estamos sujetos por hilos sistémicos inconscientes que nos condicionan en nuestros comportamientos sociales, familiares y personales. No suele ser fácil salir de esos movimientos repetitivos, casi coreográficos, en los que, sobre todo en la familia de origen, donde cada uno parece tener “asignado” un papel. Bien sea de víctima, de gracioso, de tirano, de pasota o de currante, si no le ponemos conciencia, probablemente vamos a seguir actuando del mimo modo, desempeñando el mismo roll, atrapados en las dinámicas que ya conocemos y que nos hacen sufrir, al menos internamente, por la limitación de nuestro ser que supone.

Por eso es tan importante tomar conciencia de cual es mi aportación a esas dinámicas ya que, sólo así, podremos intentar hacer algo diferente la próxima vez. Sólo así existe una posibilidad de que sucedan cosas diferentes, de que las cosas cambien, de que no regresen los mismos temporales un año tras otro y poder salvarnos de los naufragios internos que a veces sufrimos.

Creo firmemente que “la Vida” nos pode delante de las mismas situaciones una y otra vez, para darnos la oportunidad de aprender con ello lo que necesitamos para seguir creciendo. Como si fueran pruebas, a través de las cuales podemos desarrollar los recursos necesarios para salvarlas y continuar así seguir evolucionando. A veces son pruebas que podemos superar con los recursos que ya manejamos. Y en otras ocasiones, necesitamos de un apoyo externo para que nos ayude a desarrollar recursos nuevos para afrontarlas.

En ocasiones, tras unos meses de trabajo terapéutico, he escuchado a personas en la consulta decir a cerca de estos días “ellos siguen haciendo lo mismo de siempre, son las mismas situaciones de toda la vida… sólo que ahora yo ya no me engancho con ello… para mi ahora es diferente, ya no me afecta como antes”. Son momentos como este en los que celebramos juntos su triunfo. Momentos en los que festejamos que, gracias a su valentía de pedir ayuda, de abrirse a mirar desde otros sitios, de su coraje de entrarle a lo doloroso, de cuestionar lo que la subyugaba y gracias a su perseverancia a la hora de mirar los asuntos y la pactada periodicidad de las sesiones, podemos recoger estos primeros frutos, como una justa recompensa a tanto esfuerzo, tanto de atención, como económico y de energía.

Es también para mi, uno de los momentos más gratificantes como profesional. Ya que, si bien es un privilegio poder acompañar a la persona por estos caminos de la transformación, también es un motivo de alegría el verla recoger los frutos de tanto esfuerzo y de los, a veces, pequeños y costosos cambios que ha ido haciendo en su vida y en su manera de relacionarse con los demás e internamente con ella misma.

Y quizá más adelante, si la persona persevera en su camino de poner conciencia y transformarse, puede llegar a un apreciar un cambio aún más interesante… me explico: “Cuando movemos una ficha en un tablero de ajedrez, mismo que sea un simple peón, cambia toda la partida” me decía mi terapeuta hace muchos años. Y es cierto.

chess-616836_1920Cuando dejamos de engancharnos en los mismo “juegos neuróticos” de siempre, cuando dejamos de actuar como todos esperan en nuestra familia, en la pareja o en el trabajo, todo cambia. Ya nada es igual, porque yo ya no soy el mismo, porque ya cambié algo y eso modifica todo el “baile”.

Incluso cuando aún no he podido actuar de un modo diferente, cuando de momento “sólo” estoy logrando no reaccionar como siempre, cuando estoy “simplemente” tomando conciencia de ese baile del que me sé participe y queriendo encontrar una mirada nueva… seguro que suceden cosas diferentes. Y esto creo que es debido a la cantidad de información que manejamos desde lo intuitivo – perceptivo – no verbal o energético. Pero esto da para entrarle en profundidad en otro artículo.

En este sentido creo que la Terapia Gestal nos ayuda, no sólo a tomar conciencia de cómo estamos sujetos internamente a estas dinámicas relacionases, sino también a que esos “darse cuenta” sean lo más orgánico posible. De manera que los cambios se dan a varios niveles, desde la pura toma de conciencia a nivel mental o de proceso cognitivo, hasta a nivel celular – corporal (influyendo en otras inteligencias que ahora se están validando), pasando por la amplificación de nuestra inteligencia emocional y energética. Por eso en la consulta rastreamos desde estas cuatro fuentes con la intención de que los cambios sean los más integrales posible.

También entiendo que el poder mirar a la persona desde las Constelaciones Familiares me ha ayudado a entender mejor como se fraguan estas dinámicas y poder acompañar a la personas a encontrar soluciones mejores para ellas en estos entornos emocionales tan frecuentados en estas recién pasadas fiestas navideñas.

Ojalá que todos podamos seguir caminando hacia una mejor relación con nosotros mismos en la que los temporales sean cada vez menos violentos y más navegables, con menores riesgos de naufragio interior.

 





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8 01 2017

Este miércoles día 11 de enero de 2017 ofrezco una CLASE ABIERTA y GRATUITA para que puedas venir a conocer esta propuesta y desengrasar un poco tras tantas celebraciones y excesos.

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